Entrega de "Campaña de Ayuda" para Concepción y Talcahuano
Ya en el camino comenzamos a ver los efectos del gran sismo, cuando la carretera nos hizo sentir en carne propia los grandes cambios producidos en el terreno producto del movimiento de la tierra.
A la llegada de Concepción, vía la ruta del Itata, nos pilló la espera del levantamiento del toque de queda, siendo las 05:45 de la madrugada. Luego de unos minutos de espera, los militares indicaron que teníamos el paso libre.
La imagen que nos recibe es angustiante: una ciudad medio en penumbras, muchas de sus calles sin iluminación, custodiadas por militares armados, donde aún se ven escombros en cada cuadra, autos destruidos bajo el peso de restos de murallas derribadas, postes caídos, cables colgando... La sensación, percibida con todos los sentidos, es incomparable a cualquier imagen vista desde la distancia a través de algún medio de comunicación.
El traslado entre las iglesias y la oficina de transporte nos permiten comenzar a apreciar, ya con la luz del día, la gran cantidad de casas, negocios y edificios que están completamente destruídos, o en serio peligro de derrumbe. En cada cuadra se ven montones de escombro, paredes derribadas, carpas en medio de la vereda, cintas de seguridad que rodean el perímetro de alguna edificación, soldados que guardan la entrada de un supermercado o un banco, una fila de personas que espera ingresar a algún almacén, grifos rodeados de personas con baldes y botellas sacando agua, e incluso un joven de espaldas en la vereda resguardado por varios militares armados, que lo mantienen en vigilancia...
Luego de hacernos una imagen del daño estructural y social en la ciudad, con inmensa alegría comenzamos nuestra entrega en la iglesia de Concepción, cuyo templo ha sufrido fuertemente el golpe del terremoto, demostrando la violencia del sismo. Allí, con la ayuda de algunos hermanos de la iglesia, descargamos una primera partida de alimento. Al cabo de un rato hemos finalizado el trabajo. Al despedirnos del pastor Abraham Falcón, nos agradece a nombre de la iglesia la ayuda enviada.
Luego de la entrega en Talcahuano, el pastor Vilugrón nos invita a almorzar. En la mesa recibimos relatos de algunos hermanos de la iglesia que nos describieron el horror y la desesperación vividos durante el terrmoto y posterior tsunami que afectó a aquella ciudad. La consternación aún se apodera de sus rostros cuando nos describen el ruido aterrador de los fierros doblándose, los techos cayendo y la destrucción de las construcciones cuando el mar salió, arrasando con todo a su paso.
Después del almuerzo el pastor nos lleva a ver el templo, cuyo cielo raso se desprendió casi en su totalidad. En aquel momento, y como un bálsamo al espíritu, nos invita a leer la palabra de Dios y realizar una oración de
Sin embargo, aún no ha terminado la angustia que se apodera de nuestro ser al ver la destrucción que reina. Ya terminada la última entrega en Talcahuano nos damos un tiempo para acercarnos a la zona más céntrica, y ver con nuestros propios ojos el daño causado por el mar.
La imagen es dantesca... un olor nauseabundo y putrefacto domina el aire. Muchas personas caminan por la calle con mascarillas. El lodo y el agua se dejan ver en todas las calles, dejando un color grisáceo oscuro que todo lo contamina. Hay re
La desolación y abatimiento que se cierne sobre el corazón es inevitable. La sensación de desamparo y dolor que se sienten no son posibles de percibir a través de una fotografía del desastre. Sólo se pueden sentir allí, estando solos frente a la vastedad de la destruc
En aquel momento nos alienta el comprender que "sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo."
Después de ver y comprender que lo que hemos visto no es otra cosa que estos principios de dolores, y que el día de nuestra redención está más cerca, iniciamos nuestro viaje de regreso a casa.
Al llegar el miércoles, cerca de las 23:00 hrs. a Viña del Mar, donde somos recibidos por nuestro pastor, realizamos con inmensa gratitud a Dios una oración por haber guardado nuestro camino y por su inmensa bondad que ha mostrado hasta ahora con nosotros. La alegría y satisfacción de la tarea cumplida sólo nos lleva a alabar y engrandecer el nombre de nuestro Salvador, porque en medio del dolor que aún embarga a nuestro país, Dios muestra su amor, y nos ofrece gratuitamente la Salvación, que es el bien más preciado que tenemos y podemos atesorar en nuestro corazón.
Dios quiera llevar consuelo y paz a todas las familias afectadas en nuestra nación, y en especial a su pueblo, que a pesar de sufrir el dolor físico, sabemos que Dios nunca les abandonará.
Para nuestro eterno Dios se la honra, gloria e imperio sempiterno.
HORACIO CONTRERAS
Director Coro IEP
NOTA: para ver las imágenes con más detalle, haga click sobre ellas
