PRODUCCION "Himnos Eternos"

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domingo, 24 de junio de 2007

Un Nuevo Avivamiento

La iglesia clama en estos días por un nuevo avivamiento. Pero... ¿qué es un avivamiento? ¿es importante pedirlo?. La Palabra de Dios nos habla por medio del profeta Habacuc: "Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer". (Habacuc 3:2)
La palabra avivamiento hace alusión a "dar vigor a algo que ya tiene vida". Charles Finney definió el avivamiento como "un nuevo comienzo de obediencia a Dios". Por lo tanto, en la vida espiritual un avivamiento es restaurar el vigor al que ya tiene vida espiritual.
Cuando Dios nos alcanza con su misericordia nos perdona y nos sella con su Santo Espíritu para el día de la redención. Pero a medida que caminamos en el evangelio, muchas veces comenzamos a perder la comunión con Dios, perdemos la guía de su Santo Espíritu, y nos apartamos de la voluntad divina, producto de nuestro pecado. Entonces aparece la falta de amor fraternal, las disensiones, los celos, las murmuraciones y las contiendas. La mundanalidad entra en nuestras vidas, manifestándose en una adecuación al mundo en nuestra forma de vestir, en nuestro comportamiento con los demás y en nuestra gradual aceptación de las costumbres que el mundo que no ha conocido a Dios practica. Y, finalmente, producto de lo anterior, dejamos de lado la oración, la lectura de la palabra, la adoración sincera a Dios y su presencia se aparta de nuestras vidas, comenzando a secarse nuestra vida espiritual poniendo en peligro nuestra relación con Dios. Es decir, nuestra vida espiritual ha perdido el vigor, y necesita urgentemente ser regenerada.
Cuando estas manifestaciones aparecen en nuestras vidas, y más aún en la iglesia de Cristo, entonces es tiempo de pedir un avivamiento. Y el avivamiento comienza con un reconocimiento sincero antes Dios de la condición miserable en que nos encontramos. Cuando Dios nos habla y prestamos oído a su llamado de atención y nos sentimos redarguidos de pecado, es entonces que el avivamiento ha comenzado en nuestras vidas.
Finney dice en su libro "El Avivamiento" que para que éste llegue debemos hacernos un autoexamen. Y dicho "autoexamen consiste en contemplar nuestra vida, considerar nuestras acciones, buscar en el pasado y ver cuál es nuestro verdadero carácter. Regresar a nuestra historia pasada. Considerar nuestros pecados uno a uno. No dar un vistazo, simplemente, sino considerarlos uno a uno. Si es necesario coger pluma y papel, y tomar nota de ellos. Hay que repasarlos como el mercader repasa sus libros. La confesión general no basta. Los pecados fueron cometidos uno a uno. EL arrepentimiento de ellos ha de ser hecho uno a uno."
Entre otras faltas, debemos poner atención a la ingratitud y falta de amor hacia Dios, descuido de la Biblia, incredulidad, descuido de la oración y los medios de gracia, falta de amor al prójimo y a las almas que se pierden, descuido de la familia y la propia vida, de la abnegación y negación a sí mismo. Además debemos preocuparnos de observar si hay en nosotros mundanalidad, orgullo, envidia, críticas, calumnias, frivolidad, mentira, hipocresía, estorbo en el avance de la obra de Dios. ¿Cuántas veces hemos recibido favores de Dios, sin mostrar gratitud por ellos? ¿cuántas veces nos hemos justificado mentalmente con excusas ínfimas por dejar de lado los medios de gracia? ¿cuántas veces hemos orado a Dios pidiendo el Espíritu Santo, sin creer realmente que lo recibiríamos? ¿cuánto damos por el evangelio, negándonos a nosotros mismos, por amor a las almas? ¿cuánto oramos por ellas y qué hacemos por traerlas al evangelio? ¿cuánto apego hay en nuestros corazones a posesiones terrenales que consideramos "nuestro derecho" poseerlas según nuestra voluntad? ¿cuántas veces hemos confesado pecados de los que no teníamos intención de apartarnos, y que no teníamos el solemne propósito de no repetirlos?
La Palabra de Dios dice: "Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; roturad el barbecho, porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia." (Oseas 10:12) Barbecho es el terreno que ha sido arado pero que se deja sin sembrar, y la próxima temporada de siembra necesita volver a ser ablandado y roturado, para poder recibir el grano. Si nuestro corazón se ha endurecido está en barbecho. El labrador no echa su semilla sobre la roca. No produciría nada. Por ello entre los que profesan religión hay tan poco fruto; mucho exterior, pero poco sentimiento. Hay mucha actividad y poca piedad. Si seguimos así en los caminos de Dios, seguiremos endureciéndonos, las cosas empeorarán, como la lluvia y la nieve hacen más espesa la costra de un campo en barbecho y vuelven los terrones más duros.
¿Queremos realmente que Dios envíe un avivamiento sobre nuestras vidas? ¿queremos restablecer esa bendita comunión con Dios que un día gozamos cuando fuimos salvos? ¿queremos que la presencia gloriosa del Espíritu Santo inunde nuestras vidas y nos guíe a toda verdad y justicia? DEBEMOS ROTURAR EL CAMPO. Debemos roturar el barbecho del corazón, examinándolo y notando el estado en que estamos. Debemos reconocer uno por uno nuestros pecados, arrepentirnos profundamente de ellos y tomar una resolución firme de fe de enmendar nuestro camino y hacer una reforma total en nuestra vida. Entonces vendrá la bendición.


"Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma." (Jeremías 6:16)
HORACIO CONTRERAS
Director Coro I.E.P. de Viña del Mar