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sábado, 2 de junio de 2007

¿Por qué preocuparnos del Himnario?

Por Cecilio McConnell M.

"Hace algunos años, un visitante a la imprenta de la Casa Bautista Publicadora de Río de Janeiro, quedó sorprendido al constatar que allí, entre otros libros, publicaban la Biblia y el himnario bautista en un solo tomo. Después del Apocalipsis empezaba la página titular del himnario y luego el primer himno. Todo estaba impreso en un papel delgado de manera que el tomo entero tenía aproximadamente el grosor de una Biblia corriente.
En varios países hispanos los fieles comúnmente llegan al culto con dos volúmenes, pero también son el Libro Santo de Dios y el libro del canto sagrado.
Comprendemos que la Biblia es el Libro divinamente inspirado y, por lo tanto, merece una atención cuidadosa y reverente. Pero ¿por qué hemos de preocuparnos tanto del himnario? ¿No hay muchas otras cosas importantes en que invertir nuestra atención? Otras cosas hay en abundancia, pero el himnario también es un objeto digno de consideración."
"Si es usado tanto en nuestras iglesias de hoy después de muchos siglos, y si la Biblia le da una atención amplia, es porque el libro de canto es un instrumento muy útil en la vida del creyente y de la congregación.
1) Es un medio de alabanza y acercamiento a Dios y a nuestro Salvador Jesucristo. En el libro de Apocalipsis vemos que el alabar al Señor es una actividad preferida en el cielo. Leemos en el capítulo cinco: "Todos tenían arpas... y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios..." (vv. 8, 9) y en otros pasajes vemos esa misma actitud adorante.
2) Es factor importante para volver un auditorio o una multitud en una congregación. Al llegar un grupo de personas a iniciar una reunión religiosa, tendrán diferentes problemas, pensamientos y experiencias. Algunos han sido golpeados por la vida; otros para venir interrumpieron actividades cuya consecuencia todavía da vuelta en sus mentes. Aun otros han tenido encuentros, felices o desdichados, con otros, asistentes o no, que afectan negativamente la capacidad de entrar en el espíritu del culto. Están juntos pero no están unidos... Pero el cantar himnos juntos tiene un poder unificador, como es tomar las diversas preocupaciones de los asistentes y concentrarlas en una sola que conduzca a una relación de grupo con Dios. Así también prepara el ánimo para las otras partes del culto, y para escuchar la palabra profética del predicador.
3) Es un medio de atracción para creyentes y no creyentes. La buena música es algo muy atrayente en casi cualquier ambiente y no hay duda de que los himnos son importantes en este sentido. Es interesante observar que durante las primeras décadas de la obra evangelística en el Japón, los himnos llegaron a ser música popular, pues ese pueblo del Oriente había tenido la tradición de oir música, pero no la tenían para la participación general, lo cual explicaba lo novedoso y lo popular que resultaban los himnos. En varios países latinoamericanos el canto evangélico, especialmente frente a la muerte, ha sido un elemento de extrañeza y de atracción para muchos vecinos.
4) Es un medio para elevar el ánimo hacia metas más nobles. La música tiene poder para mover hacia lo bueno o hacia lo malo. Los antiguos griegos la consideraban indispensable para la formación del carácter. Platón y Aristóteles enseñaban la influencia musical sobre las pasiones y sobre la moralidad... En lo religioso es igual. Por ejemplo, "Oh, qué amigo nos es Cristo" estimula a la devoción, "Tal como soy de pecador" a la entrega de uno mismo, y "Firmes y Adelante" a la acción.
5) El himno le da al cristiano una oportunidad para expresar sus sentimientos y emociones. Muchas veces representa pensamientos que están en el corazón del creyente pero que sus propias palabras son incapaces de formular. Tanto la letra como la melodía le ofrecen una herramienta para concretar sus anhelos y sus recuerdos. Por eso no nos sorprende que muchas personas hayan tenido un himno favorito, pues éste se relaciona en sus memorias con profundas experiencias del pasado.
6) El himnario y sus cánticos ofrece a la gente un medio para tomar parte activa en el culto. Comúnmente, en la predicación, la mayor parte de los asistentes son sólo receptores. Eso, desde luego, tiene su importancia y es de esperar que los oidores no sean meros entes pasivos sino que reaccionen frente al mensaje profético. No obstante, el canto ofrece óptimas posibilidades de participación positiva. Quizás no todos canten bien pero casi todos pueden cantar algo.
7) Los himnos se prestan para estudiarlos o citarlos como fuente de devoción, inspiración y placer. Para muchos hermanos de escasa preparación académica el himnario es el único libro de poesía que poseen y el cual leen mucho. Aun para aquellos que tienen amplias bibliotecas el escudriñar el himnario privadamente es una práctica valiosa. El predicador, maestro u otro orador bien puede citar un himno como literatura poética para ilustrar o dar énfasis a una verdad.
8) El canto sacro combina las tres artes más caras al corazón humano; la oratoria, la poesía y la música, pues capta en verso rítmico para ser cantado los conceptos que han de mover a la gente a ciertas actitudes y acciones. No es por accidente que "Cariñoso Salvador" haya llegado a tocar millares de corazones en muchos idiomas del mundo o que "Maravilloso es, cuando pienso que Dios me ama a mí" haya cruzado rápidamente los mares y cordilleras durante estos últimos años. Pues se juntan un impresionante contenido con una bella expresión poética y una música que transmiten adecuadamente el mensaje a lo íntimo del ser.
9) El himno da instrucción a la gente. Al político escocés, Andrés Fletcher, se le cita diciendo: "Permítaseme hacer los cánticos de una nación y no me importa quien haga las leyes." Los himnos tienen un gran valor didáctico. Muchos himnos han sido escritos para ilustrar sermones y agregar a su enseñanza de la fe.
Tomado del libro "Conozcamos nuestro himnario".