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jueves, 28 de junio de 2007

LA TELEVISIÓN: arma de doble filo.

En la opinión de muchos conocedores, la televisión es el invento que ha tenido más influencia en la sociedad que ningún otro en el siglo XX. Cuando la televisión comercial salió al mercado a mediados de los años 50” muchos predijeron que iba a ser una moda pasajera. Nadie nunca estuvo más equivocado. Actualmente la industria televisiva es una de las más poderosas en el mundo entero. Es un hecho que la televisión llegó para quedarse. Esto se explica por su gran poder de atracción a millones de seres humanos de todo el orbe. La televisión es considerada hoy en día el medio de comunicación de mayor fuerza socializadora. Su gran influencia, así como la masiva utilización social que de este medio se hace en nuestros días, nos lleva a considerar la importancia de revisar sus efectos e influencias.

Este medio de comunicación se ha convertido en el instrumento más poderoso de formación y socialización de los individuos (llamado también el vehículo de control masivo). Ha logrado ya sustituir en buena parte a la iglesia, la familia, la escuela o los partidos como instancia de transmisión y formación de cultura. Como dice G. Lipotvetsky “La cultura moderna se convierte así en una cultura de la “intranscendencia”.

El consumismo y el cambio permanente (se cambia de televisor o de coche, así como también se cambia de pareja y de manera de pensar) son otras de las tantas consecuencias. Nada hay absoluto. Todo es efímero, móvil e inestable. Crece la inconsistencia y la frivolidad. Lo inmediato prevalece sobre la fidelidad. Se vive la ideología de lo espontáneo. Nada permanece, nada se enraíza. Decae la pasión por las grandes causas y crece el entusiasmo por lo pasajero. Esclavo de lo efímero, el ser humano no conoce ya nada firme y consistente sobre lo cual edificar su existencia.

La falta de comunicación en los hogares, ha llegado a perjudicar la relación de pareja ya que al llegar la televisión al dormitorio matrimonial, la violencia y el consumismo, son algunas de las consecuencias más evidentes que tiene la televisión. Y en el futuro esta influencia va ir en aumento.

La televisión destaca por una cosa: entretiene, distrae, divierte. Pero la televisión también impregna toda nuestra vida… Tras formar a los niños, sigue formando, o influyendo a los adultos …". Y más que informar, nos empobrece (G. Sartori)

La televisión tiene una gran fuerza expresiva (apela simultáneamente a los sentidos de la vista y el oído: la vista aporta el 87 % del total de la percepción de la realidad y el oído el 7%), porque se basa en la imagen y esto es muy eficaz para interiorizar los mensajes ya que se meten directamente en el subconsciente.

Sin cultivar el esfuerzo interior y cuidar la vida del espíritu, no es fácil ser verdaderamente libre un efecto acumulativo que acabe degradando el contexto social y cultural o, lo que es peor, que produzca una total confusión y desconcierto con respecto a los principios morales más fundamentales.

Hay mayor índice de depresión y estrés derivados de una constante frustración causadas en gran parte por la expectativa de vida que implantan los programas y publicidades. Postulan que la felicidad se consigue con el éxito, y el éxito significa bienestar económico y social, y los mayores deseos de las personas son a cambio de dinero (los bienes materiales).

Bajo un cuidadoso escrutinio es fácil descubrir los valores que la televisión predica. Entre los más obvios están: El Poder sobre otros seres humanos y la naturaleza. La riqueza: Todo puede comprarse. El consumismo es un bien en sí mismo. La propiedad privada. Una persona vale por lo que tiene. Tener cosas proporciona seguridad, prestigio y poder. El narcisismo: El propósito de la vida es satisfacer inmediatamente las necesidades, los deseos y los caprichos personales. Pensar primero en los demás es una estupidez.

Un informe de la CEACCU describe la programación infantil en televisión como “repleta de contenidos sexistas, violentos (más del 90% de los programas infantiles incluyen violencia) y que fomentan la competitividad y el consumismo, especialmente de comida basura”.

El niño es como una esponja que absorbe todo lo que ve pero que no posee ninguna capacidad de discriminación. Para él todo lo que sale en pantalla es verdadero tanto así, que puede volverse influyente y peligroso. Incapaces de leer la cantidad y velocidad de imágenes, quedan grabadas en su inconsciente (sin ser necesariamente subliminales).

Según expertos de la Universidad de Oklahoma, “cuanta más televisión ve un niño más riesgo tiene de sufrir trastornos anímicos y emocionales”. Además, el creciente ritmo de los productos audiovisuales puede generar dependencia cerebral debido a la hiperestimulación (así se consiguen niveles más altos de atracción hacia la imagen). A ello se suman efectos como el empobrecimiento del lenguaje o la alteración de las normas sobre las que se basa el respeto social (privacidad, intimidad, etc.)".

Explica Joán Ferrés, “es tan negativo que el pequeño elabore su concepción del mundo a partir de la televisión”. El prof. Fernando Tucho dice, “el niño aprende por imitación de modelos y cada vez más la fuente de imitación es la televisión, enormemente atractiva para el niño, que imita muchas de las conductas observadas….."

La violencia es especialmente imitable cuando la realizan los “buenos”: identificación y premio (aceptación social). La repetición de estos actos violentos produce varios mensajes implícitos (ocultos) que ejercen su influencia principalmente en los niños. : Los “buenos” son igual o más violentos que los malos. Los “buenos” usan en ocasiones procedimientos ilegales para lograr sus fines, pero se les justifica porque están “del lado de la verdad y de la justicia”. Los malos reciben su castigo por ser violentos. En cambio, los “buenos” aunque también sean violentos “se salen con la suya” (violencia justificada). Y el espectador al identificarse con el héroe “bueno” acaba por aceptar que el fin justifica el uso de la violencia.

“En la mayoría de los casos, el protagonista actúa movido por la venganza, y en la ejecución de esta transgrede las leyes” (Prof. Fernando Tucho). Es decir, la violencia de la ficción trivializa la real.
Lorenzo Vilches alude a diferentes estudios sobre el tema, algunos de los cuales sacaban como conclusión que los niños son violentos y resuelven sus problemas con agresividad porque imitan lo que ven en televisión. Además la violencia se ve como un instrumento para poder conseguir poder, fama, gloria, etc. Los jóvenes han creado una sub-cultura de pandillas basadas en estereotipos de violencia sacados de la televisión.

En un trabajo, realizado por los profesores de la facultad de Comunicación de la Universidad, se afirma que “la publicidad televisiva emplea estereotipos muy marcados” y que la dirigida a los jóvenes “insiste en la atracción física y en la belleza (el cuerpo: verdadero objeto de culto) como cualidades específicas de la juventud. La mujer se utiliza en la publicidad como objeto, degradando habitualmente su imagen femenina. Los estereotipos tienen la finalidad de destruir o dirigir nuestros deseos, son una propuesta a cambiar nuestra forma de ser, imitando los modelos presentados, limitan la percepción de la realidad y restringe los puntos de vista. En esta lógica seductora y hedonista no se privilegia el espíritu o la vida interior. Sin embargo, cuando este proceso olvida la dimensión espiritual de la persona, engendra unan existencia vacía y superficial. “La publicidad televisiva presenta un modelo de joven frívolo, preocupado por el físico, hedonista y gran consumidor de ocio”, según revela el estudio Imagen de la Juventud en la Publicidad Televisiva publicado por el Consejo Audiovisual de Navarra.
Recopilado por
ARIELA PAZ GATICA